Tragar aire
Comer a toda velocidad hace que el perro engulla aire con la comida. Eso son gases, molestias y a veces vómitos.
El plato de tu perro hace más de lo que crees. Sobre todo si tu perro traga en lugar de comer.
Material que usaría con mi propio perro. Nada más.
Hay una diferencia, y se nota.
Un perro que come levanta la cabeza, mastica, hace pausas. Un perro que traga vacía el plato en quince segundos como si alguien fuera a quitárselo. Si lo segundo te suena, no es que tu perro sea ansioso. Es que el comedero que le has puesto no le obliga a hacer otra cosa.
Te lo digo como adiestrador: el comedero no es el accesorio más glamuroso de la casa, pero la hora de comer es uno de los pocos momentos del día en los que tu perro tiene que usar la cabeza. Y ahí un comedero bien elegido cambia las cosas.
En esta guía vas a ver qué tipos hay, cuál le conviene a tu perro y cuáles recomiendo de verdad.
Esta guía incluye enlaces de afiliado de Amazon. Si compras a través de ellos, Más que Adiestramiento recibe una pequeña comisión sin coste extra para ti.
El otro día una clienta me contó que su Boxer vomitaba casi cada día después de comer. "Es que tiene el estómago delicado", me dijo. El estómago lo tenía perfecto. Lo que tenía era un cuenco liso y plano donde el perro metía la cara y vaciaba la ración de un trago, tragando aire por el camino.
Comer a toda velocidad hace que el perro engulla aire con la comida. Eso son gases, molestias y a veces vómitos.
Un perro que no mastica se puede atragantar con un trozo grande. Pasa, y asusta.
Quince segundos y se acabó. El perro no ha tenido ni un momento de actividad en uno de los ratos buenos del día.
Comer con prisa alimenta la prisa. El perro entra en bucle: cuanto más rápido come, más ansioso está al comer.
La buena noticia es que esto no se arregla con un medicamento ni con una terapia rara. Se arregla, en parte, con el comedero adecuado. No lo soluciona todo, pero quita hierro al asunto desde el primer día. Y de paso convierte la comida en algo más que un trámite.
No hay un comedero mejor que otro. Hay un comedero mejor para tu perro y tu situación.
Tiene relieves que obligan al perro a buscar la comida. Come más despacio y usa la cabeza. Mi favorito si tu perro engulle.
Pone el plato a la altura del pecho. Menos forzar el cuello en cada comida. Útil en perros grandes y mayores.
El acero inoxidable es lo más limpio y duradero para el día a día. El portátil, para llevarlo encima.
Reparte la ración a la hora programada. Una ayuda si trabajas fuera, no un sustituto de estar con tu perro.
Si tuviera que quedarme con dos para la mayoría de perros, serían el antivoracidad y, en perros grandes, el elevado. El resto cubren situaciones concretas. El de acero es el que más sentido tiene como plato de toda la vida, simplemente porque se mantiene limpio sin pelear con él. Y el automático resuelve un problema de horarios, no de educación: ningún comedero educa a un perro, eso lo haces tú.
Seis comederos para distintas necesidades. Ni los más caros ni los más bonitos: los que cumplen su función.
Para el día a día
El comedero sin complicaciones. Acero inoxidable, fácil de lavar y duradero. Lo que pondría como plato fijo en casa para la mayoría de perros.
Para las salidas largas, las rutas de monte y los viajes. Se pliega, ocupa nada y siempre tienes dónde dar de comer o beber a tu perro.
Para perros grandes
Si tienes un perro grande o un perro mayor, comer con el plato en el suelo le obliga a bajar y forzar el cuello en cada bocado. Este soporte lo pone a su altura.
Comederos automáticos
Si trabajas fuera y te cuesta mantener los horarios de comida, este reparte la ración a la hora que programes. Capacidad amplia para varios días.
Una opción de comedero automático más compacta. Cumple lo que tiene que cumplir: repartir la comida a la hora marcada sin complicarte la vida.
Un punto medio: capacidad de 4 litros, suficiente para varios días sin ser un armatoste. Para hogares de un solo perro con horarios cambiantes.
Una cosa importante: ningún comedero, por bueno que sea, hace el trabajo por ti. El comedero antivoracidad ayuda a que el perro coma despacio, pero la rutina de comida la pones tú. El automático mantiene el horario, pero la relación con tu perro no se programa. La herramienta es la herramienta. El guía eres tú.
Piénsalo desde el perro. Para él, encontrar comida es una de las cosas más interesantes que existen. En la naturaleza un perro no tiene un cuenco lleno esperándole: la comida hay que buscarla, olerla, trabajarla un poco.
Cuando le pones un cuenco liso, le quitas todo eso. La comida pasa de ser un reto a ser un trámite de quince segundos. Y un perro que no tiene retos durante el día es un perro que se los inventa: tu sofá, tus zapatos, el rodapié.
Un comedero antivoracidad no soluciona el aburrimiento de tu perro. Pero le da un mini reto dos veces al día. El perro tiene que buscar la comida entre los relieves, usar el morro, calcular. Es poco, pero es algo. Y ese "algo", repetido cada día, suma.
Con Dante lo noto cuando le doy la comida en algo que le obliga a trabajar un poco frente a cuando se la pongo en un cuenco normal. En el primer caso termina y se queda tranquilo. En el segundo, termina en un suspiro y viene a buscar guerra. Pura lógica: ha gastado cero.
La hora de comer puede ser un trámite o puede ser un trabajo. Tú eliges con qué se lo sirves.
He reunido los cinco errores más comunes que convierten a un perro normal en un perro difícil de gestionar. Es gratis y se lee en diez minutos.
Quiero la guía gratuitaLa semana pasada vino a consulta una clienta con un Cocker que se rascaba el morro sin parar. Habíamos descartado medio mundo. Al final el culpable era el comedero: un cuenco de plástico viejo, rayado por dentro, lleno de ranuras donde se acumulaba de todo.
Para el plato fijo de casa, acero inoxidable. No se raya con facilidad, no retiene olores y se lava sin esfuerzo. El plástico se raya, y cada raya es un escondite de bacterias. Si usas plástico, que sea en el antivoracidad o el portátil, donde el relieve o el plegado importan más que el material, y revísalos cuando empiecen a estar gastados.
Ese comedero de cerámica con dibujos queda monísimo en la cocina. A tu perro le da exactamente igual. Lo que necesita es que sea cómodo, limpio y adecuado a cómo come.
El cuenco siempre lleno convierte la comida en mobiliario. La comida es un recurso: gana valor si tiene un momento, no si está disponible las 24 horas.
Un comedero automático mantiene un horario. No le enseña a tu perro a esperar, a tener calma ni a relacionarse contigo. Eso no se programa: se trabaja.
Después de años en consulta he aprendido una cosa sobre los comederos: la pregunta no es "cuál es el mejor". La pregunta es "qué hace mi perro a la hora de comer y qué necesito cambiar". Un tragón necesita un antivoracidad. Un perro grande agradece el elevado. Un perro normal, en casa, está perfecto con un buen plato de acero.
Y recuerdo a un cliente que se gastó una pequeña fortuna en un comedero automático con cámara, app y mil funciones. El perro seguía comiendo igual de rápido y seguía igual de ansioso. El aparato no era el problema. El problema era que nadie había trabajado con el perro la calma alrededor de la comida. Y eso ningún cacharro lo arregla.
Sí, si tu perro come como si le fueran a quitar el plato. El comedero antivoracidad tiene relieves que obligan al perro a buscar la comida entre los huecos, así que tarda más en terminar. Eso reduce el riesgo de atragantamiento y de tragar aire, y de paso convierte la comida en un pequeño reto mental. Para un perro tragón es una mejora barata y sin efectos secundarios.
Sobre todo los perros grandes y los perros mayores con problemas de articulaciones. Comer con el plato a la altura del pecho evita que el perro tenga que bajar y forzar el cuello y las cervicales en cada comida. Para un perro pequeño y sano no es necesario. Si tienes dudas con tu caso concreto, consulta con tu veterinario.
El acero inoxidable. No retiene olores, no se raya con facilidad, no suelta partículas y se lava sin esfuerzo. El plástico se raya, acumula bacterias en esas ranuras y algunos perros lo mordisquean. Si eliges plástico, que sea para el comedero antivoracidad o el portátil, donde el relieve o el plegado importan más que el material.
Es útil para mantener los horarios de comida cuando no estás en casa a la hora justa. Pero no sustituye el rato de interactuar con tu perro a la hora de comer. Si lo usas, que sea una herramienta de horario, no una forma de delegar la relación. Y revisa siempre que la ración programada es la correcta.
Correo diario sobre adiestramiento y manejo de tu perro. Lo que funciona de verdad, sin atajos.
Unirme a La Jauría